el tipo llega a trabajar a las 8:00. mira desganado el desorden del escritorio. bosteza. hace foco en el mate, la yerba verde oscura, vieja. con la derecha se hace de él mientras le pega una patada a la papelera vacía para ubicarla en el único lugar hacia donde puede tirar las improvisadas pelotas de papel sin correr el riesgo de ser visto por el jefe.
lleva el mate al baño y lo vacía en el inodoro. un asco. piensa: que se jodan. termina de limpiarlo en la pileta pero se preocupa de no dejar rastros de yerba.
calienta el agua en la cocinilla. tira agua tibia en el mate, lo deja hinchando mientras llena el termo.
se ceba el primer mate.
empieza el día.
Continuidad de los parques - Julio Cortázar
Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba en tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes. Esa tarde, después de escribir una carta a su apoderado y discutir con el mayordomo una cuestión de aparcerías volvió al libro en la tranquilidad del estudio que miraba hacia el parque de los robles. Arrellanado en su sillón favorito de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de intrusiones, dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos. Su memoria retenía sin esfuerzo los nombres y las imágenes de los protagonistas; la ilusión novelesca lo ganó casi en seguida. Gozaba del placer casi perverso de irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba, y sentir a la vez que su cabeza descansaba cómodamente en el terciopelo del alto respaldo, que los cigarrillos seguían al alcance de la mano, que más allá de los ventanales danzaba el aire del atardecer bajo los robles. Palabra a palabra, absorbido por la sórdida disyuntiva de los héroes, dejándose ir hacia las imágenes que se concertaban y adquirían color y movimiento, fue testigo del último encuentro en la cabaña del monte. Primero entraba la mujer, recelosa; ahora llegaba el amante, lastimada la cara por el chicotazo de una rama. Admirablemente restallaba ella la sangre con sus besos, pero él rechazaba las caricias, no había venido para repetir las ceremonias de una pasión secreta, protegida por un mundo de hojas secas y senderos furtivos. El puñal se entibiaba contra su pecho, y debajo latía la libertad agazapada. Un diálogo anhelante corría por las páginas como un arroyo de serpientes, y se sentía que todo estaba decidido desde siempre. Hasta esas caricias que enredaban el cuerpo del amante como queriendo retenerlo y disuadirlo, dibujaban abominablemente la figura de otro cuerpo que era necesario destruir. Nada había sido olvidado: coartadas, azares, posibles errores. A partir de esa hora cada instante tenía su empleo minuciosamente atribuido. El doble repaso despiadado se interrumpía apenas para que una mano acariciara una mejilla. Empezaba a anochecer.
Sin mirarse ya, atados rígidamente a la tarea que los esperaba, se separaron en la puerta de la cabaña. Ella debía seguir por la senda que iba al norte. Desde la senda opuesta él se volvió un instante para verla correr con el pelo suelto. Corrió a su vez, parapetándose en los árboles y los setos, hasta distinguir en la bruma malva del crepúsculo la alameda que llevaba a la casa. Los perros no debían ladrar, y no ladraron. El mayordomo no estaría a esa hora, y no estaba. Subió los tres peldaños del porche y entró. Desde la sangre galopando en sus oídos le llegaban las palabras de la mujer: primero una sala azul, después una galería, una escalera alfombrada. En lo alto, dos puertas. Nadie en la primera habitación, nadie en la segunda. La puerta del salón, y entonces el puñal en la mano. la luz de los ventanales, el alto respaldo de un sillón de terciopelo verde, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela.
Anonymous asked: ¿Sabés que sos la Maimónides de la posmodernidad? Y que los deístas ramplones te admiramos y queremos a raudales??
cuánto halago, cuánto afecto! (Maimónides está allá arriba, yo soy un microbio)
Pi es irracional, lo dijo Lambert allá por 1766. no sólo lo dijo, además lo probó.
después vino Lindemann y agregó que Pi es trascendental.
que se sepa: la cuadratura del círculo no tiene solución.
Einstein nació un 14 de marzo, cuatro años antes de que Marx muriera otro 14 de marzo (de 1883).
por Marx y por Einstein, por la dialéctica, lo irracional y lo trascendental, y claro que también por lo relativo, happy pi day!








